La Semana Santa en Calatayud y el papel de la Hermandad de la Piedad
La Cofradía de la Piedad ha participado en las procesiones de Calatayud desde tiempo inmemorial. Conoce cómo se organiza la Semana Santa bilbilitana, qué papel ocupa la Hermandad en cada acto y cuáles son sus tradiciones más antiguas.
La Semana Santa bilbilitana
Calatayud celebra una Semana Santa con una larga tradición procesional. La Cofradía de la Piedad, por razón de su antigüedad —que se remonta al menos al siglo XIII—, ocupa un lugar preeminente en casi todos los actos, cerrando los desfiles procesionales en posición de honor.
El Pregón de Cuaresma
La temporada de Semana Santa se abre con el Pregón de las Hermandades, también llamado Pregón de la Cuaresma. Desde 2015, la procesión del pregón sale de la iglesia de San Juan y se dirige al Santo Sepulcro a las siete y media de la tarde, encabezada por los tambores de las cofradías locales. La Cofradía de la Piedad participa activamente en este acto inaugural.
El Vía Crucis cuaresmal
El Vía Crucis de Cuaresma recorre las calles de la ciudad desde la iglesia de San Juan hasta el santuario de la Virgen de la Peña, ascendiendo por la calle Baltasar Gracián, frente a la colegiata de Santa María y subiendo por la calle Subida a la Peña. La Cofradía de la Piedad tiene el privilegio exclusivo de acceder al presbiterio del santuario y presidir el rezo de la última estación, un honor que ostenta desde tiempo inmemorial.
Jueves y Viernes Santo
Los estatutos de la hermandad establecen la presencia obligatoria de los hermanos con túnica, escudo y guantes en varios actos: la Comunión General del Jueves Santo por la mañana, los Oficios de la tarde (Maitines) del Santo Sepulcro, la procesión del Salvator en el Sepulcro y la gran procesión del Santo Entierro del Viernes Santo por la tarde.
Las imágenes procesionales
La Hermandad procesiona con sus dos imágenes más veneradas: la Virgen de la Piedad, titular de la cofradía, sobre una peana de plata, y el Cristo de los Ajusticiados, talla de madera policromada del siglo XVII, recordatorio permanente de la antigua labor asistencial con los ejecutados. Los dos faroles de cristal azul emplomado con el escudo de la hermandad son uno de sus emblemas más característicos.