El monasterio de San Benito: ocho siglos de historia compartida con la Cofradía
Durante más de ocho siglos, el monasterio y parroquia de San Benito de Calatayud fue la sede y el hogar espiritual de la Cofradía de la Piedad. Conoce la historia de este edificio singular, conocido como "la parroquia de los ahorcados", y su relación con la Hermandad.
Los orígenes del Priorato de San Benito
Tras la muerte de Alfonso I el Batallador en 1134, el rey castellano Alfonso VII invadió Aragón y se apoderó provisionalmente de la comarca de Calatayud. En el proceso de negociación para la devolución del territorio al Reino de Aragón, el monasterio burgalés de Oña recibió varias propiedades en la comarca. Para administrarlas, los monjes benedictinos obtuvieron un priorato en Calatayud. En 1148, Ramón Berenguer IV formalizó la jurisdicción de San Benito bajo el monasterio de San Salvador de Oña.
La "parroquia de los ahorcados"
San Benito ejerció una triple función durante siglos: monasterio, parroquia y hospital. Su apelativo popular de "parroquia de los ahorcados" se justifica porque los cadáveres de los condenados a muerte eran enterrados en el atrio de su iglesia hasta 1834, cuando se construyó el actual cementerio. Esta circunstancia es inseparable de la historia de la Cofradía de la Piedad, que se hizo cargo secularmente de acompañar y enterrar a esos condenados.
Evolución del monasterio
A principios del siglo XVI (1507), los frailes benedictinos abandonaron la ciudad. En 1515 fueron sustituidos por monjas benedictinas bajo el patronato del concejo bilbilitano. El convento de monjas mantuvo su actividad durante más de cuatro siglos, hasta que en julio de 1969 las religiosas abandonaron Calatayud para fundar un nuevo monasterio en el barrio zaragozano de Miralbueno.
San Benito y la Cofradía
La Cofradía de la Piedad mantuvo su sede en San Benito desde sus orígenes hasta 1956, cuando se trasladó a la colegiata del Santo Sepulcro. La relación entre ambas instituciones fue tan estrecha que el retablo barroco de la Virgen de la Piedad, obra del siglo XVII, se conserva hoy en el Santo Sepulcro, adonde fue llevado con el traslado de la hermandad.